Se habla mucho de rondas millonarias, de unicornios y de exits espectaculares. Es normal: las historias de éxito venden. Pero la realidad del emprendimiento en España tiene una cara que los titulares ignoran: solo el 15% de las startups supera los tres primeros años de vida. El resto cierra, pivota hasta ser irreconocible o se queda en un zombie que ni crece ni muere.
Los motivos son conocidos pero conviene revisarlos, porque se repiten con una regularidad casi cíclica. Y si estás montando algo ahora, te conviene saber cuáles son las trampas antes de caer en ellas.
Los tres errores que más matan
El primero es construir sin validar. Hay una tentación enorme de pasar seis meses desarrollando un producto perfecto sin haber hablado con 50 clientes potenciales antes. El resultado: lanzas algo que nadie necesita o que nadie está dispuesto a pagar por ello. La validación no es un paso previo, es el paso. Si no puedes demostrar demanda real con un MVP mínimo, no estás emprendiendo, estás jugando.
El segundo es quedarse sin caja. La mayoría de startups no mueren porque el producto sea malo, sino porque se quedan sin dinero antes de encontrar el product-market fit. En 2026, con las rondas seed en descenso y los fondos más exigentes, la gestión del runway es crítica. Calcula cuántos meses tienes de caja, cuál es tu burn rate y a partir de qué momento necesitas haber cerrado tu siguiente ronda. Si ese cálculo no lo haces antes de empezar, estás volando a ciegas.
El tercero es el equipo. El 70% de los fracasos en startups se debe a problemas entre cofundadores. Elegir socio por amistad en vez de por complementariedad de habilidades, no definir roles claros desde el principio, o no tener un pacto de socios firmado antes de poner un solo euro son errores que se pagan carísimos. Un pacto de socios no es burocracia: es el seguro de vida de tu empresa. Define vesting, good y bad leaver, reparto de equity y mecanismos de resolución de conflictos. Si tu cofundador no quiere firmar uno, esa ya es una señal.
Lo que sí funciona
Los que sobreviven comparten patrones. Validan rápido y barato. Conocen sus métricas al dedíllo. Buscan financiación antes de necesitarla, no cuando se están ahogando. Combinan equity con financiación pública. Y sobre todo, no confunden levantar ronda con tener éxito. Una ronda es gasolina, no destino.
El ecosistema español nunca ha estado mejor preparado para emprender. Hay más fondos, más aceleradoras, más información y mejor infraestructura que hace cinco años. Programas como Lanzadera en Valencia, South Summit en Madrid, el Barcelona Tech City o los préstamos de ENISA ofrecen una red de apoyo que antes no existía.
Pero nada de eso sirve si no haces bien lo básico. Y lo básico sigue siendo lo mismo: un producto que alguien necesite, un equipo que funcione y un control de la caja que te mantenga vivo hasta que el negocio despegue. No glamuroso, no emocionante, no apto para titulares de prensa. Pero es lo que separa al 15% que sobrevive del 85% que no. Todo lo demás es ruido.