2006 Diciembre
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Archivos del mes Diciembre, 2006

En marcha

En mi última entrada de hace… tiempo, prometía hablar con detalle de las ideas que teníamos para la empresa, las motivaciones, vamos, aquello de la misión. Pues bien, ya irá saliendo porque mi plan de hacer una exposición tranquila del nuestro proceso de emprendizaje se ha ido aquí.

Es como cuando uno se va hacer paracaidismo y no acaba de decidirse a saltar. Siempre hay un alma caritativa que le da un empujoncito… Pues bien, nos han dado el empujoncito.

Nuestra empresa cuenta con dos promotores. Uno soy yo, y al otro le llamaremos, por ejemplo, María. Hay un tercer personaje que presentaré oportunamente. Pues bien, María era socia de una empresa dedicada al desarrollo de software, páginas web, etc. Eran tres socios y María tuvo, digamos, diferencias con uno de ellos. Al llegar un punto tomó la decisión de abandonar la empresa y ahí aparecí yo. Así que María y yo decidimos asociarnos y arrancar un nuevo proyecto en el sector del software y los servicios informáticos. Aprovechando nuestra experiencias, nuestras carteras de clientes (María tiene un perfil casi exclusivamente comercial) y, en la medida de lo posible, la estructura de su empresa. Porque la táctica A era hacernos con el control de su empresa, comprando a los otros dos socios sus partes (de la empresa). Si eso no funcionaba, la táctica B era partir desde cero, algo mucho más complicado, evidentemente.

Hago un inciso para presentar al tercer personaje principal, que es el inversor. Alguien con un dinerillo ahorrado y confianza en mí. Quiere divertirse un poco y rentabilizar su inversión lejos de la bolsa y el ladrillo. Le he dado muchas vueltas antes de aceptar su oferta, porque jugar con dinero ajeno nunca me ha gustado. Pero, por la cuenta que nos trae, el proyecto tiene que funcionar, así que la disponibilidad inicial de fondos debe facilitar las cosas, haciendo que el arranque sea más sencillo.
Y en eso hemos andado los últimos meses. Entrevista con los socios de la empresa a adquirir, entrevista con el inversor, entrevistas entre María y yo. Pero la rutina nos comía el tiempo, lo primero son los clientes y proyectos que ya tenemos, así que el emprendizaje quedaba en un segundo plano.

Hasta que, hace unas semanas el socio con quien María se “peleó” nos comunicó que abandonaba la empresa. Pues casi mejor ¿no? Así se quita de enmedio y nos facilita las cosas. Pero hete aquí que no, que no sólo se iba, que quiere cerrar la empresa. El tercer socio está con él así que María sólo puede aceptar la decisión ajena. Fin de actividad previsto para el 31 de diciembre.

Tenemos el qué y el cuándo, pero nos falta el dónde, el quiénes y, posiblemente, tenemos el cuánto. Je, menudo fin de año nos espera…

Probabilidades de éxito de una empresa

Lucas cita en su blog una interesante reflexión de Bert Vermeulen sobre algunas características de las nuevas empresas que hacen que sus probabilidades de éxito sean mayores o menores:

  • Producir lo que vendes, y no al revés: si la empresa se financia fundamentalmente gracias a las ventas es más probable su supervivencia que si se financia gracias a su fundador, que a su vez es preferible a recurrir a fondos ajenos o a la participación de terceros en el capital.
  • El emprendedor, a vender:  si el emprendedor se dedica a vender es más probable el éxito de la empresa que si se dedica a desarrollo de producto o a tareas de organización interna; ceder la iniciativa de las ventas a un tercero no es una buena estrategia en esta fase de nueva empresa.
  • Sé flexible: la flexibilidad para readaptar el producto o idea original a las necesidades de los consumidores es otro buen predictor del éxito. Si toda la estrategia y la inversión de la empresa está dirigida a una idea concreta, sin “plan B”, hay más posibilidades de fracaso que si tiene los reflejos y el músculo financiero suficiente como para cambiar su idea original.
  • Ser cocinero antes que fraile: si el emprendedor ha tenido una experiencia relevante en el campo al que se dirige y tiene un conocimiento íntimo y personal del problema al que su producto o servicio viene a poner solución, es mucho más posible el éxito de su empresa que si no está familiarizado con el mismo.
  • No ataques un negocio que te venga grande: la experiencia previa en gestionar negocios de un determinado volumen de ingresos o de operaciones acota mucho más las posibilidades de error que si es la primera vez que te enfrentas con algo así.

Emprendedores simbióticos

Andrés refleja en su post de hace unos días una realidad con la que seguro que muchos se sienten identificados: la dualidad existente en el mundo de los emprendedores, donde toda la atención se la llevan unos pocos mientras que hay una multitud silenciosa de emprendedores a pequeña escala, que hacen movimientos más que interesantes pero que no llegan a ocupar grandes portadas. Personas que se juegan su tiempo, su prestigio y su dinero para poner en marcha iniciativas que, quien sabe, puede que les lleven al éxito. O quizás no. Pero que demuestran un envidiable espíritu emprendedor.

“No se porqué pero me vienen a la mente dos ejemplos de biología. El primero es la sensación que tenía cuando al levantar una piedra en un secarral en agosto, aparecian multitud de bichitos, una explosión de vida debajo de algo aparentemente muerto. Lombrices, arañitas, hormigas, bichos de bola… Una fauna diversa y complementaria.”

Hello world!

Este post está aquí porque nos acabamos de mudar a Wordpress… ¡bienvenidos a nuestra nueva casa!

Hasta aquí hemos llegado, ¿pero cómo?

Ufff, más de dos semanas desde la última entrada. Espero sabréis disculparme (y Raúl también, of course) pero el ritmo desenfrenado de trabajo que llevo no decrece, y a él se han unido algunos imprevistos personales, así que ando a trancas y barrancas.
No parece que este blog tenga demasiada vidilla, pero no voy a permitir que se me culpe de ello (risas del respetable), así que haremos un esfuerzo, mientras el cuerpo aguante.
Adelanto que mis andanzas empresariales se precipitan y que acontecimientos inesperados, que relataré a su debido tiempo, nos van a obligar a dar pasos muy pronto. Si hasta ahora el tempo del proyecto lo ha marcado la falta de tiempo que teníamos los promotores, ahora habrá que ganar horas al día y días a la semana para ponernos en marcha cuanto antes.

Pero vamos por partes. Quiero hablar ahora (brevemente, si soy capaz) de cómo he llegado aquí. Puedo considerarme ya un emprendedor, aunque aún me falta llegar a ser un emprendedor de éxito, es decir, lograr que aquello que pretendo llegue a arrancar (mantenerlo en funcionamiento será otra historia). ¿Cómo llega uno a plantearse la posibilidad de poner en marcha un negocio?

Breves antecedentes profesionales y apuntes de historia: combiné mi estancia en la Universidad con trabajos retribuidos. Si algo aprendí en aquellos primeros años de profesión fue que la tecnología (que me apasiona) carece de sentido si no se está cerca de las personas. Suena a tópico pero el trato con el cliente resulta especialmente interesante cuando se pueden poner en sintonía sus necesidades con las posibilidades que nos ofrecen las TIC. Hablo de hace más de diez años, cuando Internet comenzó a irrumpir en nuestras casas y empresas, a través de modem de 33 kbps, de aquella Infovia (caray, no encuentro casi nada sobre ella, y no ha pasado tanto tiempo). Tiempos de Mosaic o Gopher, sin Netscape y con Bill Gates construyendo la base de su imperio de ventanas (tras sentar los cimientos del DOS) con aquellos Windows y Offices de precaria estabilidad. Tiempos de los primeros PCs potentes, con procesadores, memorias y discos aumentando de capacidad por meses. Tiempos de las primeras herramientas visuales de programación.
Pues bien, el caso es que salí del entorno universitario y entré inmediatamente a la empresa, al trabajo por cuenta ajena. Sin entrar a analizar en profundidad las circunstancias creo que siempre he querido autonomía y responsabilidad, así que tras varias experiencias como currito pasé a convertirme en autónomo, al menos fiscalmente. Quise crecer profesionalmente y vi la alianza como la mejor manera de abarcar más y mejores proyectos. Durante mucho tiempo me he movido con uno o dos grandes clientes, de los que dependía la mayor parte de mi facturación. Vamos, como un contrato laboral, pero sin contrato laboral (ya me entendéis…) Esto supone una cierta tranquilidad, porque supone regularidad en la facturación pero también la inseguridad de dejar mi destino profesional en otras manos y de tener una excesiva dependencia de una única fuente de ingresos.
De labores exclusivamente técnicas pasé hacia el lado más comercial, centrándome (o siendo centrado) en la consultoría. Me encanta el cara a cara con el cliente, aunque tiene el riesgo (como me ha tocado comprobar varias veces) de que a uno le caen las bofetadas por los fallos del backoffice.
Pasó el tiempo y, hace ahora un año, abandoné (o fui abandonado) la última relación de semi-exclusividad. Aunque la decisión vino forzada por la otra parte, lo cierto es que yo no acababa de estar a gusto. Seguía sin capacidad de decisión a pesar de ser la primera línea del frente, y creo que las guerras no las ganan los generales que gobiernan sólo desde la sala de mapas. Así que tiré de mi cartera de clientes, algunos de ellos fieles durante muchos años y no puedo quejarme del balance de estos primeros doce meses. Sin apenas esfuerzo comercial he sobrevivido. Quizás tengo mucha suerte, el mercado está muy caliente o, simplemente, no hago las cosas tan mal. O un poco de todo, seguramente. En cualquier caso he comprobado (ya lo sabía, pero sufrirlo directamente es muy clarificador) que “el buey solo, bien se lame”… sus heridas. Porque no llego, me desbordan los proyectos que me van llegando y, aunque he podido contar con la colaboración de otros profesionales y pequeñas compañías, no hemos logrado, ni mucho menos, optimizar nuestros esfuerzos. Finalmente los proyectos salen, la mayoría con plena satisfacción del cliente y con una rentabilidad razonable, pero a un coste personal muy alto. Ya pasó la edad de trasnochar, trabajar todos los festivos y estirar el cuerpo como el chicle. Ahora hay una familia que cuidar y hay que cuidarse a uno mismo. Hay que ganar pasta, trabajar bien pero, sobre todo, hay que vivir, y nunca dejar de hacerlo a costa de lo primero.

Y así llegamos hasta aquí. El objetivo es vivir. Es racionalizar los esfuerzos y sacarles el máximo rendimiento. Es aprovechar la experiencia y aunar voluntades para hacer las cosas mejor. No es especular ni hacer la gran pasta, sino crear empresa en el mejor sentido de la palabra: tener una misión y cumplirla en el medio y largo plazo, logrando la tan cacareada sostenibilidad.

Hasta aquí la teoría. A partir de ahora hay que concretar. En un próximo mensaje motivaré un poco mejor el porqué de la empresa y las líneas maestras de las que partiremos. Ya es tarde y mañana hay que madrugar, así que seamos fieles a nuestros principios, y a dormir.

Buscar financiación

¿Estás en proceso de buscar financiación para tu idea? Aunque se refiera al entorno anglosajón, Mark Suster nos habla en su blog de algunas anécdotas vividas en sus propias carnes en la búsqueda de financiación para su proyecto, Koral. Y es que en el mundo del capital riesgo todo es difícil… ellos tienen el dinero, y tú “sólo” tienes la idea. Y, lamentablemente, el dinero es el recurso escaso…

Vía | Tecnorantes

¿Soy un emprendedor?

¿Soy un emprendedor? Quizás sea la primera pregunta inteligente para hacerse cuando uno escribe en un sitio como éste. ¿Qué es un emprendedor? ¿Cumplo todos los requisitos? ¿Algunos? Estas otras preguntas salen al paso junto con la primera.
Vamos a tratar de contestar(nos). a una primera pregunta, para estar seguro de no haberme equivocado de sitio.

Si las cosas continúan como espero, acabaré convirtiéndome en empresario de aquí a unos meses, quizás semanas. Esto es un hecho: pasaré a ser dueño de una empresa. ¿Me convierte esto en emprendedor? Emprender es sinónimo de arrancar, de comenzar, e implica entusiasmo, capacidad de empuje, liderato, ideas claras… No creo tener ninguna de esas capacidades en grado sumo, pero si tener algo de cada una de ellas, y de otras. En este sentido, no creo ser un emprendedor puro o nato, con la fuerza suficiente como para echar a andar cualquier cosa, pero si soy capaz de poner en marcha proyectos y trabajar para que funcionen; no por mí mismo sino en colaboración con otras personas. Creo firmemente en el equipo y por eso la aventura en la que me estoy metiendo no es cosa de uno, sino de varios. Aspiro a crear un equipo en el que todos seamos imprescindibles y superfluas, autónomos y dependientes. Lo explico: el equipo necesitará de todos y cada uno de sus miembros, pero cada uno de nosotros, por sí solo, no llegará a nada, la suma de las partes es menor al todo; cada uno de nosotros podrá funcionar con su cuenta pero con la responsabilidad que le vincula con los demás. Lo sé, suena utópico, casi absurdo, pero no me parece mal establecer metas (casi) inalcanzables: la realidad nos obligará a corregir trayectorias.
Acabo volviendo a la pregunta inicial, y me atrevo a contestarla afirmativamente: soy un emprendedor. Pero me gustaría conocer más opiniones.

Bienvenido a Estartap.com, el blog donde hablaremos de emprendedores, internet y empresas en fase Startup

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