Un estudio revela que los Emprendedores tienen mejor calidad de vida que el resto de trabajadores. Caray con el estudio (esto de los estudios es una cosa extraña, que cada día nos depara más sorpresas…) porque dice que está basado en variables como "el tiempo de ocio, el control de la agenda personal, el grado de satisfacción con el trabajo realizado, la conciliación y el porvenir profesional."
- Tiempo de ocio: ¿qué es eso? Yo lo saco porque tengo familia y es algo a lo que no voy a renunciar bajo ningún concepto, pero fuera de eso, ocio ¿qué ocio? (ni deporte, ni cine, ni viajes, ni…)
- El control de la agenda personal: ahí estoy de acuerdo, pero más control tenía cuando era autónomo. Eso si, espero que el día en que mi proyecto empresarial tenga fuelle pueda realmente disponer de mi agenda al 100%
- El grado de satisfacción con el trabajo realizado: ahí de acuerdo a medias. Vale que lo que hago me gusta, pero ser emprendedor implicar hacer muchas cosas (en relación con la gestión de la empresa, por ejemplo) que no me gustan y para las que no tengo la mejor cualificación. La verdadera satisfacción será tener profesionales de la gerencia que se ocupen de esas cosas y dedicarme exclusivamente a mi negocio ¿no?
- La conciliación: esto es como lo de la agenda, mejor me iba de autónomo. El emprendedor sufre más dependencias que el profesional liberal, así que la conciliación con la vida personal es bastante más complicada.
- El porvenir profesional: esto es muy relativo, porque habría que definir qué se considera positivo en una carrera profesional: ¿dinero, poder, influencia…? Lo único que considero como beneficio neto de una carrera de emprendedor es la capacidad de liderazgo, la inventiva para ir resolviendo problemas y la autonomía que uno puede llegar a adquirir. Por otro lado, creo que hay capacidades que se desarrollan peor pues dedicando tiempo a emprender o arrancar un proyecto se deja de dedicar tiempo a capacitarse en mi propio negocio.
En fin, que lo de la calidad de vida es algo muy relativo. Eso si, sigo emprendiendo
El otro dÃa estuve por primera vez en un First Tuesday, en concreto en el que tuvo como protagonista a Jorge Mata, fundador de Berggi.
El caso es que en la charla me sorprendió el énfasis que se puso en dos aspectos relacionados con la pasta. Dos aspectos que calificarÃa de “obsesiones”, en la medida en que no sólo en este evento tuvieron una presencia muy significativa, sino que también son dos temáticas muy habituales en el mundillo de los emprendedores.
Obsesión 1: la financiación. Que si “levantar capital”, que si “rondas de financiación”, que si “cómo enfrentarte a las empresas de capital riesgo”, que si “los business angels”, que si “es difÃcil encontrar inversores”, que si “enhorabuena a menganito porque ha levantado no sé cuántos millones”… no me cabe duda de que la financiación es un aspecto importante de un proyecto (aunque me da la sensación de que algunos se ciegan pensando que necesitan mucho dinero… y quizás no sea para tanto), pero en todo caso es un medio para hacer funcionar el proyecto. Es decir, nadie consigue nada por el mero hecho de haber recibido financiación; si no consigues hacer que el proyecto vaya adelante, para lo cual hacen falta muchas más cosas aparte de dinero, no habrás conseguido nada.
Obsesión 2: la salida. Que si “salir a bolsa”, que si “encontrar compradores”, que si “estrategias de salida”, que si “qué malo es quedarse sin exit”, que si “mercados alternativos”… pareciera que la única forma de hacer dinero con un emprendizaje es que otros te compren, bien a tÃtulo individual, o bien a tÃtulo colectivo (bolsa). Y yo me pregunto… ¿qué fue de la vieja idea de generar beneficios con tu proyecto? ¿de tener un cash-flow positivo? ¿de repartir beneficios a los accionistas, entre ellos tú mismo?
En definitiva, me sorprende la cantidad de tiempo que se dedica a hablar de dinero, dejando de lado otros muchos aspectos relevantes para el éxito de los proyectos. Management, estrategia, actividad comercial, gestión de personas, tecnologÃa, etc… quedan en un segundo plano. Y, para mi gusto, es un enfoque un poco “cojo”. Pareciera que el emprendedor es únicamente alguien interesado en poner en marcha algo para ver si alguien se lo compra por más dinero del que él puso. Y yo creo que el éxito del emprendedor tiene mucho más que ver con sacar adelante un proyecto.
Agustín Cuenca es un personaje al que me he encontrado en varios eventos de networking y siempre le escucho decir algo con sentido. Sólo nos hemos saludado alguna vez, así que estoy seguro de que apenas sabe quién soy. Sin embargo, le sigo con interés y me gustan las cosas que hace su empresa: menos es más.
A lo que iba, habla Agustín sobre la naturaleza del éxito empresarial y reniega de quienes consideran un éxito vender el proyecto una vez que funciona. Evidentemente un proyecto empresarial debe ser rentable, debe producir dinero, pero estoy de acuerdo con Agustín en que no es el fin último, al menos, no para el emprendedor. Seguramente hay mejores formas de hacer rentable una inversión.
El verdadero emprendedor tiene éxito si su proyecto funciona bien, si genera valor no sólo económico sino social, humano, tecnológico, científico… Realmente son matices que dependen de la naturaleza de la empresa, lo importante es ser capaz de hacer viable y útil un proyecto. Lo demás es especulación, y de eso ya vamos servidos ¿verdad?
Suena un poco radical y, desde luego, políticamente incorrecto: Borja Prieto nos da las pautas que NO debemos seguir para montar la plantilla de nuestra empresa. Repito, suenan muy crudas pero los argumentos que da son muy razonables y los comparto casi al 100%. Creo que se olvida de la importancia que tiene el personal de una empresa para el éxito de la misma: el personal no sólo es un gasto y un "mal necesario": puede convertirse en el principal activo de la empresa y por eso puede tener sentido seguir una estrategia para motivarlo y comprometerlo con la empresa. Ojo, que esto es muy bonito para escribirlo pero es muy complicado de conseguir. Mientras lo intentamos, no es mala idea aplicar, al menos parcialmente, los consejos de Borja.
Buen post en el Día del Trabajo, si señor
O en román paladino, “tómate tu tiempo para contratar a alguien, sé inmediato con los despidos”. Esta frase que cita Loic LeMeur en uno de sus twitts en boca de Keith Richman (imagino que será éste, pero no estoy seguro) me ha llamado la atención. Porque en su simplicidad, y en su aparente dureza, encierra una gran verdad.
En una empresa pequeña, todos y cada uno de sus integrantes son fundamentales. En una empresa grande, madura… si alguien “desafina”, o no arrima el hombro, no se nota tanto. Incluso es posible que la empresa asuma con naturalidad el tener en su plantilla a un número determinado de individuos que no aportan, que no dan ni chapa, que simplemente “están”. Pero en una empresa pequeña eso no se puede permitir. Porque o todos dan lo mejor de sà mismos, o la cosa no funciona.
Por eso, “hire slow”. Merece la pena dedicar todo el tiempo que sea necesario a encontrar a las personas adecuadas, a atraerlas y a convencerlas. No es bueno quedarse con lo primero que uno encuentre “porque corre prisa”. El tiempo dedicado a esta labor es un tiempo bien invertido.
Y también “fire fast”. Si alguien no funciona, fuera. Andarse con remilgos no ayudará en nada a la empresa, que tendrá que cargar con un lastre que le impedirá seguir su camino.
¿Quizás un planteamiento un poco radical? A mà la idea, desde luego, me seduce.
Me da igual que la llamemos desaceleración o crisis. Que soplan vientos adversos creo que es algo tangible. Y en este contexto, preguntan en Negópolis si es buena idea emprender o no en tiempos de crisis.
Personalmente, creo que la pregunta no está bien formulada. Cada uno tiene que decidir si emprender es buena idea o mala idea independientemente del contexto. Si emprender es bueno, entonces lo es en tiempos de bonanza y en tiempos de crisis. Ahora bien, lo que está claro es que es más difÃcil.
Cuando las cosas van mal en la economÃa en general, eso se traduce en un descenso del ritmo económico a todos los niveles. Menos consumo, menos producción, menos trabajo. Va a ser peor intentar poner en marcha una iniciativa emprendedora con el viento en contra que con el viento a favor: más difÃcil encontrar clientes, más difÃcil convencerles de que nos compren mucho, más difÃcil conseguir que nos paguen.
Pero esto no son más que caracterÃsticas del entorno. Si es más difÃcil encontrar clientes, habrá que hacer más esfuerzo comercial. Si el flujo financiero va más lento, habrá que preverlo y dotarse de más recursos para poder asumir plazos de pago más largos o posibles incrementos en los impagos. Si el ritmo de crecimiento es previsiblemente más bajo, habrá que ser más precavido con los incrementos de costes estructurales.
Insisto, las cosas serán más difÃciles. Pero eso no quiere decir que haya que dejar de intentarlo. Porque las alternativas seguirán siendo igualmente complicadas. Y las buenas ideas, si lo son, no hay que dejar que se pudran en un cajón.
Curioso este post de Rodolfo Carpintier sobre cómo las ideas que triunfan (especialmente en el caso de internet) tienen un componente de locura o insensatez por parte del emprendedor, e incluso de los inversores. Es una visión generalizada, pelÃn romántica y no del todo alejada de la realidad. Pero también sabemos que no basta una idea exitosa para tener éxito; también cuentan el equipo, la buena gestión, las circunstancias y, cómo no, la suerte. En la misma lÃnea, ideas absurdas que han triunfado.
Sin embargo, ¿dónde quedamos los emprendedores de “a pie”? Somos profesionales con la voluntad y la ilusión de crear empresa, de echar a andar proyectos cuya caracterÃstica principal no es la originalidad ni la innovación. Simplemente queremos hacer algo y hacerlo bien, para cubrir una necesidad del mercado, para desarrollarnos profesional y personalmente y para ganar dinero . ¿Encontraremos quien nos financie? ¿Tendremos un hueco entre tanta genialidad?
Algún dÃa prometo hablar de mi propia empresa: casi catorce meses (más el precocinado) dan para muchas vicisitudes, pero he de madurar toda esta experiencia antes de atreverme a compartirla.
Mientras tanto, descubro un nuevo blog, el de Jaime Estévez, con quien he coincidido en numerosos eventos (Thursday, Iniciador,…) y con quien he compartido empresa, aunque no tiempo (si, yo también trabajé una temporada en Europa Press).
Jaime nos va contando sus primeros 30 dÃas como emprendedor en un blog que, por ahora, está muy vivo (más que éste, me atreverÃa a decir…) Va reseñando muchas de las etapas por las que otros ya hemos pasado, aunque con algunos patinazos (¿a quién se le ocurre acercarse al Registro Mercantil para pedir un certificado de denominación social, existiendo internet?) y la ingenuidad propia de quien arranca el proyecto de su vida. No diré que estoy de vuelta de todo (si no, ¿de qué estarÃa aquÃ?) pero mi visión de las cosas es ahora mucho más amplia que hace un año.
Independientemente de lo que dure el blog de Jaime (¿lo cerrará a los 30 dÃas?) servirá para dar mayor visibilidad a quienes, dÃa tras dÃa, nos lanzamos a crear una empresa, arrancar un negocio o iniciar un proyecto. En estos tiempos de crisis la iniciativa personal puede ser una verdadera tabla de salvación a la que agarrarse: las grandes empresas, ésas que año tras año incrementan beneficios en un 20%, no van a sacarnos del atolladero.
Poderoso caballero es don dinero. Si ya lo dice la sabidurÃa popular. Es cierto que hoy en dÃa hay sectores de la actividad empresarial que no requieren de una gran inversión inicial, y por lo tanto el dinero no actúa como barrera de entrada. No hay que levantar una fábrica, ni comprar materias primas. Es el famoso mito del garaje (qué reminiscencias al mito de la caverna platónico…), una persona con un ordenador puede poner en marcha un negocio.
SÃ, es cierto. El talento a los mandos. Pero eso no quiere decir que el dinero no sea importante, y que no pueda marcar una gran, enorme diferencia.
Desde mi punto de vista, hay dos factores en los que disponer de dinero abundante o no tenerlo puede marcar la diferencia:
- El tiempo de desarrollo: vale, de acuerdo, una persona con un ordenador puede desarrollar algo. Pero si en vez de una persona es un equipo de desarrollo de diez personas, avanzará diez veces más rápido. Podrá poner en marcha su producto diez veces antes. Podrá atender al feedback de los usuarios diez veces mejor. Y en un entorno en el que ser el primero vale más que ser el mejor, y en el que la atención de los usuarios es tan volátil, ese “time-to-market” es esencial. Y el dinero puede ayudar, y de qué manera, a que ese TTM sea el menor posible
- Promoción y marketing: vale, la web2.0, el “boca-a-oreja” amplificado, el marketing viral… todo son herramientas que funcionan. Pero a eso le ponemos dinero… todo es más sencillo. Y desengañémonos, el grueso del público objetivo de prácticamente cualquier negocio sigue estando fuera de los canales “dospuntocero”, y hay que invertir en comunicación más tradicional para llegar a ellos. Y eso cuesta dinero
Por lo tanto sÃ, es cierto, ahora es posible hacer cosas “sin dinero”. Pero no es menos cierto que si esas mismas cosas se hacen “con dinero”, el resultado tiene más probabilidades de ser mejor. No es condición necesaria ni suficiente, pero ayuda.
Parafraseo a Ed Murrow (o a RodrÃguez Zapatero, más recientemente) para enlazar un interesante post sobre la importancia de la suerte para el emprendedor.
Lo dice alguien que sabe de emprender asà que habrá que hacerle caso. Realmente es una obviedad: hay quien nace con estrella y quien nace estrellado, y la suerte dirige nuestro rumbos durante toda nuestra vida. Ello no impide que la usemos como excusa para dejarnos llevar por la corriente: que la suerte sirva como empuje para avanzar y no como obstáculo.



