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Hire slow, fire fast

O en román paladino, “tómate tu tiempo para contratar a alguien, sé inmediato con los despidos”. Esta frase que cita Loic LeMeur en uno de sus twitts en boca de Keith Richman (imagino que será éste, pero no estoy seguro) me ha llamado la atención. Porque en su simplicidad, y en su aparente dureza, encierra una gran verdad.

En una empresa pequeña, todos y cada uno de sus integrantes son fundamentales. En una empresa grande, madura… si alguien “desafina”, o no arrima el hombro, no se nota tanto. Incluso es posible que la empresa asuma con naturalidad el tener en su plantilla a un número determinado de individuos que no aportan, que no dan ni chapa, que simplemente “están”. Pero en una empresa pequeña eso no se puede permitir. Porque o todos dan lo mejor de sí mismos, o la cosa no funciona.

Por eso, “hire slow”. Merece la pena dedicar todo el tiempo que sea necesario a encontrar a las personas adecuadas, a atraerlas y a convencerlas. No es bueno quedarse con lo primero que uno encuentre “porque corre prisa”. El tiempo dedicado a esta labor es un tiempo bien invertido.

Y también “fire fast”. Si alguien no funciona, fuera. Andarse con remilgos no ayudará en nada a la empresa, que tendrá que cargar con un lastre que le impedirá seguir su camino.

¿Quizás un planteamiento un poco radical? A mí la idea, desde luego, me seduce.

Emprender en tiempos de crisis

Me da igual que la llamemos desaceleración o crisis. Que soplan vientos adversos creo que es algo tangible. Y en este contexto, preguntan en Negópolis si es buena idea emprender o no en tiempos de crisis.

Personalmente, creo que la pregunta no está bien formulada. Cada uno tiene que decidir si emprender es buena idea o mala idea independientemente del contexto. Si emprender es bueno, entonces lo es en tiempos de bonanza y en tiempos de crisis. Ahora bien, lo que está claro es que es más difícil.

Cuando las cosas van mal en la economía en general, eso se traduce en un descenso del ritmo económico a todos los niveles. Menos consumo, menos producción, menos trabajo. Va a ser peor intentar poner en marcha una iniciativa emprendedora con el viento en contra que con el viento a favor: más difícil encontrar clientes, más difícil convencerles de que nos compren mucho, más difícil conseguir que nos paguen.

Pero esto no son más que características del entorno. Si es más difícil encontrar clientes, habrá que hacer más esfuerzo comercial. Si el flujo financiero va más lento, habrá que preverlo y dotarse de más recursos para poder asumir plazos de pago más largos o posibles incrementos en los impagos. Si el ritmo de crecimiento es previsiblemente más bajo, habrá que ser más precavido con los incrementos de costes estructurales.

Insisto, las cosas serán más difíciles. Pero eso no quiere decir que haya que dejar de intentarlo. Porque las alternativas seguirán siendo igualmente complicadas. Y las buenas ideas, si lo son, no hay que dejar que se pudran en un cajón.

Emprendedores insensatos

Curioso este post de Rodolfo Carpintier sobre cómo las ideas que triunfan (especialmente en el caso de internet) tienen un componente de locura o insensatez por parte del emprendedor, e incluso de los inversores. Es una visión generalizada, pelín romántica y no del todo alejada de la realidad. Pero también sabemos que no basta una idea exitosa para tener éxito; también cuentan el equipo, la buena gestión, las circunstancias y, cómo no, la suerte. En la misma línea, ideas absurdas que han triunfado.

Sin embargo, ¿dónde quedamos los emprendedores de “a pie”? Somos profesionales con la voluntad y la ilusión de crear empresa, de echar a andar proyectos cuya característica principal no es la originalidad ni la innovación. Simplemente queremos hacer algo y hacerlo bien, para cubrir una necesidad del mercado, para desarrollarnos profesional y personalmente y para ganar dinero . ¿Encontraremos quien nos financie? ¿Tendremos un hueco entre tanta genialidad?

Un nuevo emprendedor en la red

Algún día prometo hablar de mi propia empresa: casi catorce meses (más el precocinado) dan para muchas vicisitudes, pero he de madurar toda esta experiencia antes de atreverme a compartirla.

Mientras tanto, descubro un nuevo blog, el de Jaime Estévez, con quien he coincidido en numerosos eventos (Thursday, Iniciador,…) y con quien he compartido empresa, aunque no tiempo (si, yo también trabajé una temporada en Europa Press).

Jaime nos va contando sus primeros 30 días como emprendedor en un blog que, por ahora, está muy vivo (más que éste, me atrevería a decir…) Va reseñando muchas de las etapas por las que otros ya hemos pasado, aunque con algunos patinazos (¿a quién se le ocurre acercarse al Registro Mercantil para pedir un certificado de denominación social, existiendo internet?) y la ingenuidad propia de quien arranca el proyecto de su vida. No diré que estoy de vuelta de todo (si no, ¿de qué estaría aquí?) pero mi visión de las cosas es ahora mucho más amplia que hace un año.

Independientemente de lo que dure el blog de Jaime (¿lo cerrará a los 30 días?) servirá para dar mayor visibilidad a quienes, día tras día, nos lanzamos a crear una empresa, arrancar un negocio o iniciar un proyecto. En estos tiempos de crisis la iniciativa personal puede ser una verdadera tabla de salvación a la que agarrarse: las grandes empresas, ésas que año tras año incrementan beneficios en un 20%, no van a sacarnos del atolladero.

La diferencia está en la pasta

Poderoso caballero es don dinero. Si ya lo dice la sabiduría popular. Es cierto que hoy en día hay sectores de la actividad empresarial que no requieren de una gran inversión inicial, y por lo tanto el dinero no actúa como barrera de entrada. No hay que levantar una fábrica, ni comprar materias primas. Es el famoso mito del garaje (qué reminiscencias al mito de la caverna platónico…), una persona con un ordenador puede poner en marcha un negocio.

Sí, es cierto. El talento a los mandos. Pero eso no quiere decir que el dinero no sea importante, y que no pueda marcar una gran, enorme diferencia.

Desde mi punto de vista, hay dos factores en los que disponer de dinero abundante o no tenerlo puede marcar la diferencia:

  • El tiempo de desarrollo: vale, de acuerdo, una persona con un ordenador puede desarrollar algo. Pero si en vez de una persona es un equipo de desarrollo de diez personas, avanzará diez veces más rápido. Podrá poner en marcha su producto diez veces antes. Podrá atender al feedback de los usuarios diez veces mejor. Y en un entorno en el que ser el primero vale más que ser el mejor, y en el que la atención de los usuarios es tan volátil, ese “time-to-market” es esencial. Y el dinero puede ayudar, y de qué manera, a que ese TTM sea el menor posible
  • Promoción y marketing: vale, la web2.0, el “boca-a-oreja” amplificado, el marketing viral… todo son herramientas que funcionan. Pero a eso le ponemos dinero… todo es más sencillo. Y desengañémonos, el grueso del público objetivo de prácticamente cualquier negocio sigue estando fuera de los canales “dospuntocero”, y hay que invertir en comunicación más tradicional para llegar a ellos. Y eso cuesta dinero

Por lo tanto sí, es cierto, ahora es posible hacer cosas “sin dinero”. Pero no es menos cierto que si esas mismas cosas se hacen “con dinero”, el resultado tiene más probabilidades de ser mejor. No es condición necesaria ni suficiente, pero ayuda.

Buenos días, y buena suerte

Parafraseo a Ed Murrow (o a Rodríguez Zapatero, más recientemente) para enlazar un interesante post sobre la importancia de la suerte para el emprendedor.

Lo dice alguien que sabe de emprender así que habrá que hacerle caso. Realmente es una obviedad: hay quien nace con estrella y quien nace estrellado, y la suerte dirige nuestro rumbos durante toda nuestra vida. Ello no impide que la usemos como excusa para dejarnos llevar por la corriente: que la suerte sirva como empuje para avanzar y no como obstáculo.

Hacer algo para ser usado

En esta sencilla frase puede resumirse la ponencia del INICIADOR de ayer. Alberto Knapp nos habló de La Coctelera y expuso con rotundidad cuáles considera las claves para triunfar en internet.

Aunque fue una charla muy participativa lo cierto es que Alberto dejó muy claras sus ideas sobre qué hace atractivo un producto en internet. La clave es el usuario, naturalmente, y por eso el objetivo al lanzar un nuevo web debe ser que se use. El principio menos es más sigue en pleno vigor como criterio para desarrollar aplicaciones sencillas, ligeras e intuitivas. En lo referente a la producción, mejor los equipos pequeños, multidisciplinares y dinámicos, donde se escucha a todo el mundo pero con objetivos claros, concretos y a corto plazo.

Otra conclusión que saqué, de entre un montón de ideas sensatas que surgieron, fue la de que lo difícil es saber si uno está acertando o errando, si no es con la perspectiva que da el paso del tiempo. Alberto nos dio claves de éxito hace dos o tres años, pero dudaba mucho de que ahora produjesen los mismos resultados que entonces. Por tanto, parece que no sólo hay que tener olfato y profesionalidad, sino esperar que la suerte nos sonría. Falta nos hace…

¿Ayuda para emprendedores?

Hoy se hace eco El País de la presentación de Emprendedores TV, un canal para emprendedores. Ya habrá tiempo de hablar de ello, pero a primera vista parece la típica iniciativa a medias entre la gran empresa que no sabe qué hacer con sus beneficios y la administración pública que debe “promocionar” la creación de empresas.

Por ahora salen los casos de éxito que todos conocemos (Imaginarium, Barrabés, …) pero hay secciones que parecen interesantes sobre jóvenes, mujeres, innovación. Habrá que dedicarle un tiempo y comprobar si nos resulta útil.

Crisis de crecimiento

Ángel nos narra en primera persona, en un estupendo post, uno de los trances por los que pasa un emprendedor unipersonal si su negocio va bien: el momento en el que ya no puede hacerlo todo él mismo.

En primer lugar, analizada la situación, me encuentro con un problema de base, estructural, estratégico: he basado la empresa en la venta de un recurso escaso: yo. Y el problema ahora es cómo replicamos dicho recurso o aumentamos su disponibilidad.

¿Y entonces? Si no quiere convertirse en cuello de botella, debe asumir el crecimiento con los inconvenientes que genera: costes, infraestructuras, encontrar personas que funcionen, gestionar a dichas personas, pensar en una nueva forma societaria…

¿Alternativas? Pocas. Crecer es un mal necesario, una consecuencia de la buena marcha de los negocios. La alternativa es no crecer y, eventualmente, desaparecer. Así que me temo que no hay más remedio que afrontar esas dificultades para poder seguir asentando el negocio.

La crisis de crédito y los emprendedores

Se preguntan en Emprendedores si la crisis de crédito afectará a la creación de empresas. A mí la respuesta me parece clara… sí, sí, y mil veces sí. Lógicamente, el efecto dependerá de la profundidad de la crisis: si la crisis es gorda y duradera, el efecto puede ser devastador. Si la sangre no llega al río, entonces los afectados pueden ser menos.

Una de las cosas que más afecta a un proyecto empresarial es su financiación: tanto la financiación inicial como la cobertura de necesidades financieras que se vayan produciendo a lo largo del devenir de la empresa (que al principio suelen ser mayores: muchos gastos, y los ingresos tardan en llegar). Y la financiación siempre tiene un coste.

La crisis de crédito es una “crisis” en la medida en que hay menos dinero en circulación disponible para ser prestado a terceros: los bancos no están muy dispuestos a prestar a otros bancos, y tampoco a prestar a los clientes últimos. Hay menos oferta de dinero y, a menor oferta, mayor es el precio: el tipo de interés de los créditos sube.

Así pues, los emprendedores en busca de financiación se van a encontrar con más dificultades para encontrarla y, cuando la consigan, la tendrán que pagar a un tipo superior. Se eleva así el listón (de las habilidades de gestión financiera, de la rentabilidad necesaria del negocio para cubrir los costes financieros, etc.), y habrá quienes no puedan superarlo.

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