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El decálogo del emprendedor autónomo

Ser autónomo y no morir en el intento puede ser para algunos una utopía, pero para intentar cambiarlo se ha publicado el ‘Manual del empresario autónomo’, codirigido por la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid, el CEIM y la consultora KPMG. Cualquier emprendedor que decida poner en marcha su propia empresa se verá asaltado por un mar de dudas, por lo que conviene tener claros algunos conceptos.

En primer lugar, si quieres ser autónomo tendrás que darte de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), que es el que regula este tipo de actividades. Se entiende por autónomo la persona que ejerce una actividad económica por cuenta propia o que ejerce funciones de gestión o dirección de una sociedad (también están en el RETA los autónomos económicamente dependientes).

Antes que tú habrán estado en esta tesitura varios miles de emprendedores: sólo en Madrid existen 503.000 empresas; el 90% de las empresas españolas tienen menos de diez empleados y el 55,5% de las sociedades nacionales operan en régimen de empresario individual.

El decálogo del emprendedor autónomo:

  1. Lo primero que se necesita es tener una idea. El emprendedor es aquella persona que identifica una necesidad de mercado y desarrolla un proyecto empresarial para darle respuesta.
  1. También es necesario tener ciertos conocimientos, de tipo técnico y de tipo empresarial. Hay que asegurarse, antes de tirarse a la piscina, de que se va a disponer de la capacidad técnica para desarrollar el producto, además de estudiar el sector económico en el que va a encajar; a fin de no llevarse ninguna sorpresa desagradable.
  1. A lo largo del proceso, en el que el papeleo y las dificultades pueden acabar por desesperar a cualquiera, es necesario mantener siempre la actitud adecuada: confianza en el proyecto, optimismo y motivación para seguir adelante. El emprendedor debe estar concienciado de que va asume una serie de riesgos y responsabilidades muy importantes.
  1. No sólo es imprescindible tener una idea de negocio, hay que tener una oportunidad de negocio. Si la idea de negocio satisface una necesidad del mercado entonces hablamos de oportunidad de negocio. Para saber si una determinada idea puede ser una Oportunidad de Negocio es preciso valorarla, hacer lo que se denomina un análisis de previabilidad, en el que se incluirá un análisis de mercado y de recursos.
  1. Una vez que se comprueba que el proyecto puede ser viable, es el momento realizar un Plan de Empresa, que analiza la viabilidad técnica, comercial, económica y financiera de la oportunidad de negocio. Aquí es donde se detalla la información relevante acerca del proyecto: el producto o servicio que se va a producir, la oportunidad de negocio, los recursos con que cuenta y las estrategias que piensa desarrollar para lograr los objetivos. Si va dirigido a públicos específicos (inversores, por ejemplo), debe poner mayor énfasis en los aspectos más relevantes para él (alta rentabilidad, buena gestión…).

El Plan de Empresa se estructura en los siguientes capítulos: Presentación, Plan de Producción, Recursos Humanos y Organización, Plan de Inversión, Plan de Comercialización, Plan Económico – Financiero, Plan Jurídico y Anexos.

Cada uno de los apartados en los que se divide en Plan debe incluir un presupuesto. Cuanto más detallados y afinados estén los números, más fácil será convencer al público de las bondades del proyecto.

  1. En cuanto a las inversiones necesarias para la puesta en marcha y funcionamiento de la empresa, es imprescindible enumerarlas, describirlas en profundidad, indicar cómo y cuándo se van a adquirir (o señalar si están ya disponibles) y cuantificar su importe en el Plan de Inversión. Aquí se recogen los elementos materiales necesario para el inicio y desarrollo de la actividad empresarial. La magnitud de las inversiones iniciales dependerá de las previsiones de producción y ventas. Por eso, el Plan de Inversión debe ser coherente con las previsiones recogidas en el Plan de Producción y en el Plan de Comercialización.
  1. En el capítulo de financiación, el futuro autónomo tendrá que explicar de dónde va a sacar el dinero. Existen dos grandes categorías de recursos financieros: la financiación propia (recursos del emprendedor y sus socios) y la financiación ajena (recursos procedentes de otras fuentes). La más habitual es la segunda, a través de créditos cuyas características deben de figurar también en el Plan. Si todavía no han sido conseguidos, se puede perfilar cuáles son las características del crédito que el emprendedor tiene en mente.
  1. El emprendedor debe buscar todas las subvenciones, ayudas, financiaciones etc que le sean posible. Tanto a través del Estado como a través de las diferentes Comunidades Autónomas existe un amplio abanico de posibilidades en el que elegir diferentes planes de ayuda.
  1. A veces, las circunstancias obligan a obtener nueva financiación para la empresa una vez que ya ha echado a andar. En este caso, conviene acudir primero al círculo más próximo, familia y amigos. Si esto no es posible, habrá que acudir a los bancos o buscar nuevos inversores que crean en el proyecto.
  1. Los primeros años de vida de una empresa son cruciales. Según el Servicio de Estudios del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, sólo el 51% de las empresas consigue superar los cinco primeros años de vida. La clave para maximizar la probabilidad de sobrevivir a largo plazo está en realizar un buen Plan de Empresa que permita detectar los posibles problemas del proyecto.

Algunas direcciones de interés para el emprendedor autónomo:

http://www.emprendedor.com/

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