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Cuatro motivos para que el nombre de tu negocio no sea tu nombre

Es una tendencia casi innata. Sobre todo en el caso de los emprendedores primerizos se tiene el impulso de asociar de algún modo el nombre propio a nombre del negocio que se piensa lanzar. Sin embargo no se trata de una cuestión recomendable en exceso; veamos los motivos.

Evidentemente asociar el nombre propio a una marca de éxito, es decir que nuestro nombre se convierte en una marca tiene cierta componente de ambición no necesariamente negativa, sin embargo, y aunque existen excepciones notables se confirma la regla, generalmente como idea no viene a resultar muy buena, ya que, como veremos,  ese exceso de personalización que ya declaramos desde el nombre puede acabar en el tiempo generando problemas importantes.

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El trato personalizado

Supongamos que soy un cliente de la marca “fulanito”. Se me está vendiendo esta marca, es decir se me está indicando que mi solución está personalizada, es una interpretación nada retorcida en el fondo, ya que los nombres propios asociados a un negocio son total y absolutamente un ejercicio de personalización.

Esto va implicar que una gran mayoría de quienes se nos acerquen con intenciones comerciales reclamarán ser atendidos por la marca, por el nombre propio de la marca. Tal vez en un ámbito de microempresa y trabajo autónomo pueda ser sostenido en el tiempo, sin embargo si pensamos en el crecimiento de nuestro negocio obviamente no.

La culpa es suya

Uno de los riesgos clave de la personalización; si nuestro nombre es el que queda vinculado al del negocio, los malos resultados se culpabiliza harán directamente a la marca, es decir al nombre… lo grave de esto es que la culpabilización no entiende de espacio temporal, es decir, supongamos que pasa el tiempo, que hemos cerrado el negocio por problemas técnicos, económicos o de competencia, ¿alguien duda de que para los que obtuvieron un mal servicio la personalización se encontrará vigente?

El liderazgo no es lo que era

Hoy cuando hablamos de emprendimiento y lo asociamos a la búsqueda de talento, es decir a la búsqueda de equipos humanos para desarrollar nuestros negocios, precisamente el concepto equipo resulta tremendamente relevante, el modelo de liderazgo se ha modificado de manera excepcionalmente interesante en los últimos años, a que el liderazgo del ordeno y mando ha quedado definitivamente muy atrás, y hoy por hoy se considera un modelo obsoleto de gestión.

Para quién se va a acercar por vez primera a una empresa, sobre todo si tratamos de hacernos con talento en disputa, desde luego no vamos a lanzar un mensaje de trabajo en equipo con un negocio cuyo nombre corresponda al del CEO.

 ¿Y si tengo éxito?

Fantástico, es posible, de hecho conocemos grandes marcas de éxito directamente asociadas a nombres propios, aunque es cierto que en sectores bastante concretos. Sin embargo debiéramos también pensar un poco más a largo plazo ¿y si deseamos en algún momento vender la empresa? El valor de marca asociado a un nombre propio es muy complejo de traspasar, es cierto que existen algunos ejemplos básicamente en el mundo de la moda o en marcas internacionales con una trayectoria previa simplemente enorme, pero, para el común de los mortales del emprendedor se trata de otra liga en la que competir y probablemente resulte más compleja la venta y más difícil la negociación de la misma que en otras circunstancias con un nombre comercial diferenciado.

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