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Archivos de la categoría ‘Puesta en marcha’

Tu plan de negocios 2.0

Descubro ví­a Tecnorantes una aparentemente interesante herramienta llamada PlanHQ que sirve para crear y mantener un plan de negocio “online”, con capacidad para irlo modificando de forma sencilla a lo largo del tiempo, para trabajarla en común entre varios miembros del equipo y para exportarla a papel en el momento en el que sea necesario.

De momento está sólo en inglés, pero conceptualmente me parece una idea muy buena: uno de los principales problemas de los planes de negocio al uso es que se convierten en “papel mojado” con facilidad, y rehacerlos supone un gran esfuerzo. Con una herramienta enfocada en el mantenimiento dinámico del plan, es más fácil que este haga su función de “brújula” del negocio.

Still alive

No he desaparecido, pero casi.

Simplemente, estoy de lleno en la vorágine que supone echar a andar una empresa. No sé si les pasa a los demás, pero a nosotros casi nada nos ha salido como estaba previsto, así que no tengo tiempo para nada que no sea apagar fuegos.

Prometo contar con detalle nuestras peripecias, con el ánimo de que ayuden a otros.

Hasta muy pronto.

La verdadera importancia del plan de negocio

Business PlanHace unos días, Lucas se hacía eco de una entrada en el blog de Guy Kawasaky en el que éste reflexionaba sobre la importancia (o mejor dicho, de la irrelevancia) de tener un plan de negocio para los emprendedores. Todo a raiz de un estudio sobre las iniciativas emprendedoras de los alumnos del Babson College durante 18 años, que constató la ausencia de evidencias empíricas (sobre el desarrollo real de los negocios emprendidos) de que tener un plan de negocio formal fuese mejor que no tenerlo.

Al margen del resultado del estudio, tiendo a estar de acuerdo con el posicionamiento de Kawasaky. No se trata de lanzarse a la piscina a lo loco. Como él dice, no hay que sacar la errónea conclusión de que análisis, planificación, visión y comunicación (todas ellas vinculadas al business plan) sean cosas innecesarias, porque lo son. Ahora bien, lo que no hay que hacer es volvese locos con el plan de negocios, ni dedicarle semanas sin término a elaborarlo, ni llenar cientos de folios con él, ni pretender detallarlo hasta la extenuación ni afinar los números hasta el último céntimo. Porque todos esos esfuerzos son irrelevantes - al final la realidad es la encargada de ponernos en nuestro sitio.

Al final, no hay que olvidar que el business plan es una herramienta. Potente y útil, sí­. Pero sólo una herramienta, no un fin en sí­ mismo.

¿Volará?

Will it flyEs la duda de todo emprendedor… todos los esfuerzos realizados, todos los sueños puestos en mi idea… ¿Saldrá bien? Will it fly es una web que nos ofrece una amplia serie de tests dirigidos a evaluar distintos aspectos de nuestra idea: desde la financiación, los recursos humanos, la puesta en marcha de la empresa, cuestiones legales, operaciones, marketing…

Más que el resultado concreto del test, lo importante es que sus preguntas nos hacen reflexionar bastante en detalle sobre nuestra idea de negocio, y nos ayudan a reparar en cosas que quizás hubiésemos pasado por alto.

Vía | Presión blogosférica

Guía de recursos para el emprendedor en El País

El Paí­s ha publicado un artí­culo denominado “la aventura de convertirse en empresario” en el que lista una serie de recursos útiles disponibles en internet para todos aquellos que desean convertirse en empresarios. Así, nos encontramos con un repaso de iniciativas privadas y públicas a nivel regional, estatal o europeo que merece la pena tener en cuenta.

Ví­a | openBusiness

Hasta aquí hemos llegado, ¿pero cómo?

Ufff, más de dos semanas desde la última entrada. Espero sabréis disculparme (y Raúl también, of course) pero el ritmo desenfrenado de trabajo que llevo no decrece, y a él se han unido algunos imprevistos personales, así que ando a trancas y barrancas.
No parece que este blog tenga demasiada vidilla, pero no voy a permitir que se me culpe de ello (risas del respetable), así que haremos un esfuerzo, mientras el cuerpo aguante.
Adelanto que mis andanzas empresariales se precipitan y que acontecimientos inesperados, que relataré a su debido tiempo, nos van a obligar a dar pasos muy pronto. Si hasta ahora el tempo del proyecto lo ha marcado la falta de tiempo que teníamos los promotores, ahora habrá que ganar horas al día y días a la semana para ponernos en marcha cuanto antes.

Pero vamos por partes. Quiero hablar ahora (brevemente, si soy capaz) de cómo he llegado aquí. Puedo considerarme ya un emprendedor, aunque aún me falta llegar a ser un emprendedor de éxito, es decir, lograr que aquello que pretendo llegue a arrancar (mantenerlo en funcionamiento será otra historia). ¿Cómo llega uno a plantearse la posibilidad de poner en marcha un negocio?

Breves antecedentes profesionales y apuntes de historia: combiné mi estancia en la Universidad con trabajos retribuidos. Si algo aprendí en aquellos primeros años de profesión fue que la tecnología (que me apasiona) carece de sentido si no se está cerca de las personas. Suena a tópico pero el trato con el cliente resulta especialmente interesante cuando se pueden poner en sintonía sus necesidades con las posibilidades que nos ofrecen las TIC. Hablo de hace más de diez años, cuando Internet comenzó a irrumpir en nuestras casas y empresas, a través de modem de 33 kbps, de aquella Infovia (caray, no encuentro casi nada sobre ella, y no ha pasado tanto tiempo). Tiempos de Mosaic o Gopher, sin Netscape y con Bill Gates construyendo la base de su imperio de ventanas (tras sentar los cimientos del DOS) con aquellos Windows y Offices de precaria estabilidad. Tiempos de los primeros PCs potentes, con procesadores, memorias y discos aumentando de capacidad por meses. Tiempos de las primeras herramientas visuales de programación.
Pues bien, el caso es que salí del entorno universitario y entré inmediatamente a la empresa, al trabajo por cuenta ajena. Sin entrar a analizar en profundidad las circunstancias creo que siempre he querido autonomía y responsabilidad, así que tras varias experiencias como currito pasé a convertirme en autónomo, al menos fiscalmente. Quise crecer profesionalmente y vi la alianza como la mejor manera de abarcar más y mejores proyectos. Durante mucho tiempo me he movido con uno o dos grandes clientes, de los que dependía la mayor parte de mi facturación. Vamos, como un contrato laboral, pero sin contrato laboral (ya me entendéis…) Esto supone una cierta tranquilidad, porque supone regularidad en la facturación pero también la inseguridad de dejar mi destino profesional en otras manos y de tener una excesiva dependencia de una única fuente de ingresos.
De labores exclusivamente técnicas pasé hacia el lado más comercial, centrándome (o siendo centrado) en la consultoría. Me encanta el cara a cara con el cliente, aunque tiene el riesgo (como me ha tocado comprobar varias veces) de que a uno le caen las bofetadas por los fallos del backoffice.
Pasó el tiempo y, hace ahora un año, abandoné (o fui abandonado) la última relación de semi-exclusividad. Aunque la decisión vino forzada por la otra parte, lo cierto es que yo no acababa de estar a gusto. Seguía sin capacidad de decisión a pesar de ser la primera línea del frente, y creo que las guerras no las ganan los generales que gobiernan sólo desde la sala de mapas. Así que tiré de mi cartera de clientes, algunos de ellos fieles durante muchos años y no puedo quejarme del balance de estos primeros doce meses. Sin apenas esfuerzo comercial he sobrevivido. Quizás tengo mucha suerte, el mercado está muy caliente o, simplemente, no hago las cosas tan mal. O un poco de todo, seguramente. En cualquier caso he comprobado (ya lo sabía, pero sufrirlo directamente es muy clarificador) que “el buey solo, bien se lame”… sus heridas. Porque no llego, me desbordan los proyectos que me van llegando y, aunque he podido contar con la colaboración de otros profesionales y pequeñas compañías, no hemos logrado, ni mucho menos, optimizar nuestros esfuerzos. Finalmente los proyectos salen, la mayoría con plena satisfacción del cliente y con una rentabilidad razonable, pero a un coste personal muy alto. Ya pasó la edad de trasnochar, trabajar todos los festivos y estirar el cuerpo como el chicle. Ahora hay una familia que cuidar y hay que cuidarse a uno mismo. Hay que ganar pasta, trabajar bien pero, sobre todo, hay que vivir, y nunca dejar de hacerlo a costa de lo primero.

Y así llegamos hasta aquí. El objetivo es vivir. Es racionalizar los esfuerzos y sacarles el máximo rendimiento. Es aprovechar la experiencia y aunar voluntades para hacer las cosas mejor. No es especular ni hacer la gran pasta, sino crear empresa en el mejor sentido de la palabra: tener una misión y cumplirla en el medio y largo plazo, logrando la tan cacareada sostenibilidad.

Hasta aquí la teoría. A partir de ahora hay que concretar. En un próximo mensaje motivaré un poco mejor el porqué de la empresa y las líneas maestras de las que partiremos. Ya es tarde y mañana hay que madrugar, así que seamos fieles a nuestros principios, y a dormir.

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